martes, 20 de junio de 2017

LOS BESOS QUE PREFIEREN LOS NIÑOS

Circula un vídeo por las redes sociales muy divertido: Se trata de una escena familiar, sale un niño (que no llegará a tener un año) y sus papás. El niño sonríe y disfruta cada vez que sus papás le dan besos. Sin embargo, aparentemente los padres quieren hacer rabiar al niño y, de vez en cuando, en lugar de besarle a él, se besan entre ellos. Cada vez que esto sucede, el niño llora manifestando su malestar. Probablemente se trata de un vídeo gracioso, sin mayores pretensiones, y de ahí que lo hayan colgado en la red.


Pero este vídeo y la situación graciosa que muestra, nos da mucho que pensar. Lo evidente es que los niños son egocentristas y quieren todo lo bueno para ellos y por tanto, si perciben que eso bueno (en este caso el beso) se lo quitan para dárselo a otros, protestan airadamente, independientemente de que los otros sean sus propios padres. Lo no evidente, es que los padres de la criatura que fue fruto de su amor, siguen configurando el desarrollo de su hijo, también a través del amor entre ellos. Me explico.

Efectivamente, esa escena del vídeo es vivida de modo habitual en cualquier familia. Es bonito dar besos a los hijos, es una forma frecuente de mostrar el amor que les tenemos, y cuando son tan pequeños es más habitual “comérselos a besos”. Por tanto es muy natural que los padres muestren el amor que les tienen a sus hijos de una forma sensible, como es un beso, y eso agrada a quien recibe esa manifestación de cariño.

Pero ese cariño no es más que la extensión del amor que se tienen (o se deben tener) los padres de la criatura. Si los hijos observan las manifestaciones de cariño que se dan entre sus padres, primero observan con curiosidad, posteriormente sonríen, luego (aunque con cara de vergüenza) se sienten satisfechos de que sus padres se quieran tanto. En definitiva acaban descubriendo que, en la medida que sus padres se quieren, ese cariño “les rebota” y les llega a ellos.

Volviendo al vídeo, en la medida que los hijos van creciendo, saben voltear el experimento y acaban comprendiendo que los besos que se dan papá y mamá son mucho más importantes que los besos que les dan a los hijos, precisamente porque esos besos por extensión les llegan a ellos. Y finalmente hacen el gran descubrimiento: “los padres, para quererles a ellos, sus hijos, primero se tienen que querer entre ellos”.

Si fuese posible quitar las vergüenzas adolescentes, me gustaría hacer un experimento, mantener una escena de besos de los padres al hijo adolescente, y de vez en cuando que los padres se besasen entre ellos. Estoy absolutamente convencido que el hijo prefiere estos segundos. Te animo a hacer la prueba.


En definitiva, si los hijos son frutos del amor entre los padres, los besos entre los propios padres son manifestación de aquel amor, y siguen dando frutos de amor, en forma de nuevos hijos, o en forma del desarrollo de los hijos que ya llegaron.

viernes, 19 de mayo de 2017

DEMOSTRADO CIENTIFICAMENTE

Como señala Wikipedia, el método científico es el procedimiento que ha caracterizado a la ciencia natural desde el siglo XVII, que consiste en la observación sistemática, medición, experimentación, la formulación, análisis y modificación de las hipótesis. En resumen que después de observar atentamente el comportamiento de algo, se formula una hipótesis y se analiza a fondo para comprobar si se cumple o no. Más adelante la misma wikipedia añade un epígrafe que titula: El método científico como método para la eliminación de falacias y prejuicios.

Pues eso es lo que voy a hacer en estas línea con una hipótesis que escuchaba a mi abuela mientras jugábamos a unas curiosas cartas de familias multirraciales. Y mi abuela decía: “familia que reza unida, permanece unida”. Esta investigación trata, por tanto, de demostrar si lo que decía mi abuela es una falacia y un prejuicio, o por el contrario es una afirmación científica.

Procedo a la observación sistemática de familias que rezan unidas. Obviamente simplifico el concepto de familia como un núcleo de un varón y una mujer, que han tenido o no descendencia e incluso pueden alojar o no ascendientes en su hogar. Anoto todas las familias que conozco, y no son pocas.

Realizo una medición para anotar de entre las familias conocidas, aquellas a las que he visto rezar juntas, es decir, aquellas que, al menos, el núcleo familiar (varón y mujer) acuden juntos a la iglesia, se les ve juntos rezar en algún acto religioso público (una romería, una procesión, etc.).

Posteriormente indago sobre las familias a las que he visto rezar juntas, es decir, experimento, señalando aproximadamente las fechas del inicio de su compromiso familiar (o sea desde que se casaron) hasta la fecha de hoy y cuál es su situación de unidad en este momento, o bien si finalizó su relación por causas naturales, es decir se murió alguno de ellos o ambos.

Finalmente compruebo la conclusión de la hipótesis inicial que hacía mi abuela, es decir si “permanecen unidas”, y si se cumple dicha hipótesis en aquellas familias que se ajustan a la premisa inicial, es decir “familias que rezan unidas”.

El resultado de la investigación arroja un 100%. Es decir de cada 100 familias que he conocido a lo largo de mi vida que rezaban unidas, las 100 se encuentran unidas o finalizaron su relación, por muerte de alguno de ellos, estando unidas.


Así pues, queda científicamente demostrado que la hipótesis de mi abuela: “familia que reza unida, permanece unida” no es ninguna falacia ni se sustenta en prejuicios.

jueves, 15 de diciembre de 2016

UN CORTO INTERESANTE

Como en muchas otras ocasiones, mi mujer me pone al corriente de novedades educativas. En este caso se trata de un corto de animación que le llamó la atención y me pasó el enlace correspondiente "ALIKE".

Me parece muy oportuno porque nos ayuda a reflexionar sobre en qué sociedad estamos viviendo y qué hacemos con nuestros hijos para que afronten la vida social.

Pero creo que es todavía de mayor interés la reflexión sobre el papel que juega la escuela en esta sociedad, ¿queremos una escuela para hacer pervivir lo que tenemos? o por el contrario ¿queremos una escuela para modificar lo que no nos gusta de la sociedad?

Algo similar podríamos plantear sobre las metodologías didácticas que empleamos en nuestros colegios ¿en nuestra aula respondemos al papel que la sociedad de mercado laboral nos otorga? o por el contrario ¿desde nuestra aula queremos ayudar a construir personas que sepan y puedan cambiar esa sociedad de mercado tan gris y tan poco apetecible?

Ver y reflexionar, es lo mejor que podemos hacer... pero después ACTUAR... al menos lo intentaremos en la medida de nuestras posibilidades.

Espero que os guste.




jueves, 15 de septiembre de 2016

INVESTIGACIÓN UNIVERSITARIA

Ya he contado en otras ocasiones que, hace unos pocos años, comencé una nueva aventura, la de ser docente universitario. Para mi se trata de ayudar a formar a futuros maestros, pero en el lenguaje oficial se denomina PDI (Personal Docente e Investigador). Y al hilo de esa última palabra quisiera hacer una breve reflexión.

El caso es que desde que empecé a tirarme por los suelos con los niños de 6 años enseñándoles a: leer, escribir, sumar, restar, conocer el barrio, experimentar, correr, saltar, saludar, obedecer, ser ordenado, rezar, … creo que he estado investigando toda mi vida. Por ejemplo, de aquellos años recuerdo haber investigado un montón sobre los mejores y más eficaces procesos de enseñanza de la lecto-escritura, y lo que iba descubriendo y me gustaba lo ponía en marcha (por supuesto, aprovechando también lo que otros llevaban haciendo tiempo en el colegio). De ahí surgió un conjunto de cuadernos de enseñanza de la lectura de uso interno en el colegio, impartí unos cursos a otros profesores e incluso llegamos a trabajar en un equipo para editar toda una colección de enseñanza de la Lengua para toda la Primaria, aunque creo que escasamente vieron la luz. Algo similar hice en la enseñanza inicial del cálculo y razonamiento, primero leer y estudiar los mejores métodos didácticos, luego confeccionando cuadernos caseros para mis alumnos, después impartiendo cursos de didáctica de las matemáticas y finalmente trabajando en un equipo para la edición de unos cuadernos para Primaria que, en esta ocasión, si fueron publicados.

Puedo decir que continué investigando allí dónde me encontraba, por ejemplo y cambiando el tercio profesional, tuve que estudiar a fondo el sistema de organización de los partidos políticos antes de redactar los Estatutos de un nuevo partido, tuve que investigar los mejores métodos de atraer a los votantes en campañas electorales, a fin de organizar la primera campaña electoral de mi vida, allí por el año 95. En el siguiente ámbito profesional me tocó formarme a fondo en los Sistemas de Gestión de Calidad, entre otras cosas profundizando e investigando cómo poner en marcha la Metodología 5S en el mundo educativo, posteriormente elaborar un manual propio y finalmente impartir sesiones de formación en centros docentes. Luego llegó la tesis doctoral y, sin pretender aburrir, diré por último que continué con la investigación en un Centro de Innovación Pedagógica, haciendo lo propio con temas como bullying y dificultades de aprendizaje.

La cuestión es que llegué al mundo universitario y me dijeron si tenía experiencia en investigación, les dije que “por supuesto” enumerando las múltiples peripecias en ese terreno. “Ya pero eso no es de carácter universitario” fue la respuesta. Después me preguntaron si tenía alguna acreditación de calidad, “pues claro” y describí los nombramientos del Gobierno Vasco y de la Diputación de Bizkaia como consultor y formador acreditado en sistemas de calidad, además de la formación recibida e impartida. “Pero eso no es acreditación universitaria” me respondieron. Total, que toda mi vida formándome e investigando y llego a la Universidad y no me sirve de nada (a título de puntos) toda la formación recibida, la investigación desarrollada ni la innovación implantada a lo largo de mi vida. Es decir, que para la Universidad estoy al mismo nivel que un recién doctorado de 26 años que no ha trabajado nunca.


Menos mal que de vez en cuando alguna compañera docente universitaria me dice que hace falta más profesores de Magisterio que sepan realmente qué es un niño, una niña y un aula, en eso creo que les gano a casi todos.

jueves, 14 de julio de 2016

OPOSICIONES PARA EMPOLLONES

Bien es sabido que la crisis ha producido recortes y que estos han afectado especialmente al mundo educativo. No soy un ingenuo y creo que se podrían haber hecho las cosas de otro modo, pero no voy a discutir en este momento, se hizo así y así lo hemos tenido que sufrir.

Llevo ya más de 12 años como autónomo en el mundo de la enseñanza y, evidentemente, he sido uno de los perjudicados por los recortes. Si me dedico a formar y asesorar a centros que reciben fondos públicos, y a estos apenas les llega para pagar las nóminas, es lógico que prescindan de gastos que entienden “menos necesarios”, por tanto es más difícil lograr prestar servicios remunerados. Si a eso le añadimos que gasté todo mi esfuerzo (y mucho dinero) en un proyecto muy ilusionante, pero que no ha logrado obtener fondos para su pervivencia, está claro que lo tengo crudo.

Por esa razón el curso pasado tuve que virar el rumbo de mi barco profesional y buscar trabajos docentes por otros derroteros: cursos de formación para el empleo, clases en el mundo universitario, pequeños asesoramientos puntuales, etc. Algunos de los cuales han sido maravillosos y, aunque no me han aportado, ni mucho menos, los ingresos que obtenía antes de la crisis, me han dado muchas más satisfacciones. Me refiero especialmente al curso para procurar mejorar las perspectivas profesionales de un grupo de chicos y chicas con Síndrome de Down.

Entre otras opciones barajé la posibilidad de presentarme a una convocatoria de oposiciones al Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria, en la especialidad Orientación Educativa. Como en la Comunidad Autónoma Vasca (donde resido) no puedes presentarte a ninguna oposición si no dominas el euskera, tuve que hacerlo en una Comunidad vecina (Cantabria).

Bien es cierto que no me preparé la oposición, confiando en los años de estudio y aprendizaje a través de la formación que imparto, además la preparación de las clases universitarias me ponía en una buena posición, así que sabía que, por lo menos, no iba a hacer el ridículo. Así fue, realicé la primera prueba de conocimientos específicos escribiendo a lo largo de las dos horas, utilizando una estructura claramente apropiada según el título del tema, con corrección ortográfica y aportando el conocimiento científico sobre la materia. Rocé el aprobado (4,8). Reconozco que se nota que no fue Piaget quien habría realizado ese escrito, pero la calificación creo que fue claramente insuficiente de acuerdo a los criterios de valoración establecidos por el propio tribunal. La acepto y sé que había muchísimas personas que se lo habían empollado a lo largo de años (hacía seis años que no se convocaba esta oposición).

En la siguiente prueba, en el caso práctico, mostré con un ejemplo real una forma de solucionar conflictos de convivencia en el aula, a través de un cuestionario innovador confeccionado por mi (entre otros) y que he aplicado en la realidad y con éxito en más de 20 aulas de 4º a 6º de Educación Primaria, y sobre el que he impartido formación a 326 profesores de 104 centros educativos de toda España (por cierto, pagando su asistencia el profesorado). Pues bien, salirse de los Decretos, Órdenes y demás normativa y apostar por una experiencia real y de éxito, mereció un clarísimo suspenso por parte del Tribunal.


Está claro que lo de las oposiciones es para empollones, para quienes se estudian con detalle cada norma estatal y autonómica y la recitan de memoria incluyendo su número, fecha y título. Innovar, apostar por fórmulas de orientación más personalizadas y más prácticas, sin tanta rocambolesca literatura jurídica, eso está condenado al fracaso. En fin, así conseguimos buenos empollones que aprueban las oposiciones y dejan de estudiar el resto de su vida profesional. Esos mismos son lo que luego califican tu oposición en función de parámetros oficiales, porque jamás se han decidido a innovar, se limitan a “cumplir” escrupulosamente sus funciones y a vivir. Hombre, no todos, siempre hay excepciones, incluso conozco algunas.